¿Volveré?

31 mayo 2014

Hoy he vuelto a reencontrarme con mi antiguo yo al abrir este link. Echo de menos escribir. Echo de menos gritar todas las estupideces que se me ocurren en este blog… Mi vida ha cambiado mucho desde que lo abandoné pero… mi vieja yo sigue habitando en algún rinconcito de mi nueva vida.

No puedo decir cuándo ni cómo ni por qué pero…

¡¡¡¡VOLVERÉ!!!!

 

Muy pronto… 🙂

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La vergüenza de Europa

5 febrero 2013

A esta hora de la noche ya todos sabemos lo que dice nuestro queridísimo Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, y si no aquí os lo pongo para refrescaros la memoria:

“Los universitarios no deben estudiar lo que quieren, sino lo que les emplee”. Y añade que los estudiantes deben pensar “en términos de necesidades y de su posible empleabilidad”.

Y yo le respondo a nuestro apreciado Ministro: Ahora ya sabemos por qué está usted ocupando su puesto, porque por vocación precisamente no debió ser. Pero quizá si su lugar lo ocupara alguien a quién realmente le importara la situación de España, alguien a quien, por VOCACIÓN, realmente le interesara la política y la situación educativa de nuestro país, las cosas irían mucho mejor. Si todos los miembros del Gobierno estuvieran a la cabeza para hacer algo más que robar (tanto dinero como los derechos de los trabajadores), que seguro que eso es un talento innato, no estaríamos todos los recién licenciados huyendo del país por falta de empleo y sin saber qué hacer con nuestras vidas. O bueno, si que sabemos qué hacer, queremos TRABAJAR dignamente en un lugar en el que cada vez tenemos menos privilegios y menos oportunidades.

Lo siento, hoy estoy cabreada. Somos la vergüenza de Europa.


Olvidar

17 enero 2013

Del amor al odio sólo hay un paso. Nunca había comprendido muy bien esta frase hasta que esta sentimental evolución me ocurrió a mí. ¿Cómo se puede odiar a alguien que has querido o que te ha importado? Solía preguntarme, ingenua de mi. Se puede. Se puede y, además, es una evolución reversible: puedes ir del amor al odio y del odio al amor en cuestión de segundos. Y todo lo que minutos, horas o días atrás te parecía perfecto ahora te parece… incompleto. Sabes que esa persona no es para ti, o quizá lo fuera cuando te engañaba como a una boba mostrándote un ficticio interés solo para llevarte a la cama. Y cuándo lo consiguió desvanecieron los mensajes, las llamadas, y ese tonteo pícaro que te hacía sentir que tu vida era perfecta y que eras afortunada. Te hacía sentir simplemente feliz. El hecho de recibir un mensaje de buenos días lograba que te levantaras de la cama siempre con el pie izquierdo (permitidme el cambio en el dicho popular, los zurdos también tenemos derechos a comenzar bien el día), con energía para afrontar otra dura jornada en ese lugar al que ahora llamas hogar porque no tienes más remedio. Lee el resto de esta entrada »


Periodismo

10 noviembre 2012

Periodismo… Esa carrera que empecé un día con toda mi ilusión y que acabé sintiendo una terrible decepción. Esa preciosa y poco valorada profesión a la que quería entregar mi vida porque, como el más ciego amor, no importaba cuantas horas tuviera que dedicarle, no importaba ni siquiera tener un sueldo inmerecido, porque estaba justo donde quería estar y haciendo algo que realmente me apasionaba.

Y lo hacía, sinceramente, llena de felicidad y sintiéndome realizada, cosa que ningún otro trabajo ha conseguido provocar en mi.

Pero pasan los años y te das cuenta que no se puede vivir de ilusiones, y tampoco de tus padres, por más que ellos se esfuercen en darte todo lo mejor, a veces, quizá, más de lo que incluso merecemos. Y una decide marcharse, a probar suerte. Otro país, otro idioma, otra cultura. Y parece que, aquello por lo que quise vivir un día, en lugar de estar cada vez más cerca, está cada vez más lejos. Sólo hay que echar un vistazo a lo que nuestros propios colegas, aquellos que consiguieron hacer de su pasión su profesión, están sufriendo. Y entonces te pones a pensar y te das cuenta de que si quieres vivir de algo y quieres hacerlo ahora quizá tus sueños tengan que esperar. Sinceramente ya no sé ni lo que quiero, porque mi esperanza por dedicarme al periodismo se ha desvanecido, por mucho que digan que es lo último que se pierde.

Periodismo. Esa utopía. Ese camino a la perdición. Esa ruleta sin fortuna. Ese sueño que un día creí que se haría realidad y que hoy no es más que unas cuantas palabras en una entrada de mi blog…


Una triste verdad

7 noviembre 2012

JÓVENES ESPAÑOLES POR EL MUNDO

No se van en trenes con maletas de cartón pero llevan sus bienes más preciados: un portátil, un móvil de última generación regalado por un familiar o conseguido a base de una lucha de puntos sin cuartel. Suelen tomar un vuelo de bajo coste, cazado pacientemente en las redes de Internet.

Se van a hacer un máster, o han logrado una mal llamada beca Erasmus que costará a la familia la mitad de sus ahorros. Otras veces van a hacer de au-pair, de auxiliar de conversación, o a cualquier trabajo temporal. La familia va a despedirlos a la puerta de embarque y mientras se alejan disimularán unos su pena y otros su incipiente desamparo. “Es por poco tiempo -se dicen-. Dominarán el idioma, conocerán mundo… Regresarán en pocos meses”.

Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje… Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.

No. No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad… A fin de cuentas aquí no hay nada.

Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.

No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni a dónde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. “Mi hija está en Berlín”, “se ha marchado a Montpellier”, “se fue a Dubai” son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.

En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.

No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.

No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos.

 

Por Concha Caballero.


Nociones básicas para triunfar como escritora entre los adolescentes

17 octubre 2012

Nociones básicas para triunfar como escritora entre las adolescentes:

1. Buscar un chico guapo, algo agresivo, posesivo y dispuesto a dejar el mundo por la protagonista. Llamese Edward Cullen o Christian Grey. Ah! se me olvidaba… El chico tiene que estar forrado.

2. Buscar una chica mona sin ninguna característica especial, es decir, sosa, extremadamente delgada y a la que se le den mal los deportes. Llamese Bella Swan o Anastasia Steel.

3. Los padres de la chica en cuestión deben estar separados para que, a mitad de la historia, ella pueda irse en busca de su madre para despejar su mente y aclarar si pasar el resto de su vida con el chico extremadamente guapo, bueno y rico que ha entrado en su vida es la mejor opción.

4. Por supuesto, la protagonista tiene que estar en contra de todos los regalos que el chico rico pueda ofrecerle y seguir llevando su antigua ropa y conduciendo su antiguo y desastroso coche \ furgoneta, a no ser que a través de un contrato la pobrecita chica se vea obligada a aceptarlo.

4. En algún momento de la historia, la protagonista tiene que dejar al chico guapo o viceversa. De lo contrario, la historia puede tornarse aburrida y provocar el desinterés en los lectores.

5. Y en algún momento de la historia tiene que haber sexo. Nota importante: romper los cabeceros de la cama o el uso de esposas y diferentes utensilios pueden ser muy útiles para generar diversos estados de excitación en nuestros receptores.

Y dicho esto, me pongo a escribir, que voy a hacerme millonaria cuando hagan la película de mi novela.

PDT: Llamese lleva acento pero no puedo ponerlo en el teclado británico y el corrector de texto de Facebook no me lo reconoce. Cosas de la vida…


Cartas de cócteles y ginebras

20 julio 2012