Todas somos Isabella Swan

13 mayo 2009

Stephanie Meyer ha sabido jugar muy bien sus cartas. Ha construído un personaje con el que cualquier chica normal (adolescente o no) puede sentirse totalmente identificada. Bella es una chica patosa, insegura, que odia ser el centro de atención y que no se siente precisamente la más guapa del lugar. Además, Bella consigue lo que toda chica “sueña” con obtener algún día: que el chico más guapo y popular del instituto se fije en ella.

Pero eso no es todo. Por si esta situación típica de película americana no fuera suficiente, hay otra cosa de la que Bella debe preocuparse. También está enamorada de su mejor amigo. Su corazón dividido debe decidir, aunque Bella tiene claro desde el principio cuál será su elección. Sólo teme hacer daño a cierta persona en su camino hacia la inmortalidad.

Según la autora, nada de lo que escribió en los cuatro libros tiene tintes autobiográficos. Ha confesado tener una vida bastante normal. Solo se basó en un sueño que tuvo de una chica mortal y un chico vampiro en un prado. Y a partir de ahí surgió toda una trama que ha enamorado a más de medio mundo.

Y nos ha enamorado porque Bella es tan normal que bien pudiera ser cualquiera de nosotras. Todas buscamos (o hemos buscado) un Edward particular que solo tenga ojos para nosotras y que nos haga sentir princesas de un cuento de hadas. Todas hemos soñado con tener al lado a ese chico cuyo rostro es tan bonito que duele hasta mirarlo, porque todas sabemos que en el fondo, queramos o no, somos algo superficiales. Y Stephanie Meyer no ha hecho otra cosa que incentivar estos pensamientos en nuestro interior porque ha conseguido que todas llevemos en nuestro interior a Isabella Swan.

ed and bells