Sobre la sevillanía. “El ombligo de Sevilla”, por Arturo Pérez Reverte

A continuación os dejo un artículo escrito por Arturo Pérez Reverte y que habla de mi tierra, y de la verdad de lo que ocurre en ella. Como sevillana y amante del lugar donde vivo, no puedo estar más de acuerdo con el autor…

 

EL OMBLIGO DE SEVILLA

María José, la telefonista del hotel Colón, me va a echar una bronca, como suele, en plan: esta vez se ha pasado varios pueblos, don Arturo, de Dos Hermanas a Lebrija, o más lejos, a ver quién le manda a usted metersecon la Sevilla de mi alma. Pero uno debe ser consecuente; y la semana pasada, al socaire de Matanza cofrade y la parafernalia blasfemo-judicial que arrastra cual bata de cola, se me calentó la tecla y prometí hablar hoy de cultura sevillana. De manera que cumplo, arriesgándome a que me quiten los premios que en esa ciudad me dieron por la cara, a que el director de ABC -allí y en Madrid El Semanal sale con ese diario- se acuerde de mis muertos, a que los amigos dejen de mandarme aceite, y a que Enrique Becerra diga que el cordero con miel o la carrillada de ibérico me los va a poner la madre que me parió. Pero uno tiene derecho a hablar de lo que ama. Y el caso, como dije que diría, es que con la palabra cultura ocurre algo extraño. Cuando la pronuncian, cinco de cada diez sevillanos piensan en la Semana Santa o la Feria de Abril. A lo más que llegan algunos es al barroco de las iglesias. Mi compadre Juan Eslava cuenta lo del turista que va en carruaje por la Alameda, y cuando pasa ante una estatua y pregunta si se trata de un pintor, un escritor, un músico o un poeta, el orgulloso cochero responde:«Qué va, hombre. Es Manolo Caracol».

Pese a los esfuerzos, casi suicidas, de heroicos paladines locales por romper la burbuja en que esa ciudad vive ensimismada, el grueso de los esfuerzos culturales sevillanos pasa por el embudo de las cofradías locales, estructura social en torno a la que se ordena la vida pública. El resto es secundario, no interesa. Los museos languidecen, las exposiciones llegan con cuentagotas -y sólo si está Sevilla de por medio-, las librerías cierran, las bibliotecas no existen o se ignoran. Si se tratara de una ciudad donde imperase la modestia, uno creería que ésta se avergüenza de cuanto la hizo hermosa e inmortal. Pero no es modestia sino egoísmo autocomplaciente, indiferencia a cuanto no sea arreglarse el Jueves Santo para salir con la medalla de la cofradía al cuello, a pintarla en la Feria, a tomarse una manzanilla en Las Teresas o en Casa Román, mirando alrededor mientras se piensa, o se dice, que Sevilla es lo más grande del mundo, y qué desgracia la de quienes no nacieron sevillanos.

Siempre que viajo allí me pregunto lo que podría ser esa ciudad si dejara de mirarse en su espejo autista y se abriera al mundo con la cultura como reclamo y bandera. Hablo de la cultura de verdad, no de la caduca soplapollez de diseño que pretenden vendernos políticos y mangantes en busca de la foto y el telediario del día siguiente, o del folklore demagógico y sentimental con el que quienes manejan el cotarro pretenden -y lo consiguen desde hace siglos- llevarse al huerto a la ciudadanía. Hablo de la Sevilla que va más allá de los retablos barrocos en misa de doce, de los bares de tapas, de los pasos de Semana Santa, de la Feria de Abril y los carnets del Betis o del otro, de los apresurados rebaños de chusma guiri que el sevillano necesita tanto como desprecia. ¿Imaginan ustedes parte de la pasta invertida en cofradías y casetas de feria, empleada en hacer de esa ciudad un verdadero polo de atracción, no sólo del turismo, sino de la cultura internacional? ¿Calculan lo que supondría aprovechar el clima, el fascinante escenario, la abrumadora riqueza de palacios, atarazanas, lonjas e iglesias, para proyectar la ciudad hacia el exterior, celebrar conciertos de renombre internacional, organizar ferias y exposiciones que atrajeran a artistas, críticos y público culto de todo el mundo? ¿Imaginan una gestión cosmopolita, lúcida y eficaz, de tanto arte, arquitectura y belleza, con la extraordinaria marca registrada de Sevilla como argumento? Es desolador que una ciudad así no se haya convertido -la ocasión perdida de la Expo se esfumó con los mediocres y los catetos que la gestionaron- en sede anual, bianual, quinquenal o lo que sea, de acontecimientos culturales que pongan su nombre, a la manera de Venecia, Salzburgo, París o Florencia, en la vanguardia de la cultura internacional. En lugar de eso, Sevilla sigue resignada a ser una pequeña ciudad onanista y a veces analfabeta, que no llora por las cenizas perdidas de Murillo, pero sí cuando pasa la Virgen; y que emplea el resto del año en discutir sobre si los arreglos florales de la Esperanza Macarena eran mejores o peores que los de la Esperanza de Triana.

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/38/el-ombligo-de-sevilla/#.T57oTW5ZeGh.facebook

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Una respuesta a Sobre la sevillanía. “El ombligo de Sevilla”, por Arturo Pérez Reverte

  1. Dr. Kosina dice:

    La verdad es que sí te has pasado alguna que otra demarcación comarcal. Y no porque te falte razón en cuanto a alguna referencia a la catetería de la ciudad del pavoneo, que es la Sevilla en que particularmente me ha tocado vivir, y que también me ha parido.
    El conformismo ante la mayoría de las actuaciones públicas, que sólo buscan la aceptación de una mayoría a la que le gusta mirarse el ombligo y poder decir “qué bonita es mi ciudad” es así de real, pero de ahí a decir que el dinero se invierte nada más que en la Semana Santa o la Feria es resumir mucho y no enterarse ni la mitad. A las fiestas de primavera se les saca dinero, aunque a un cofrade como a mí mismo le disguste ver su Semana Santa como una empresa comercial.
    Pero si tenemos o debemos vivir del turismo, nuestro Agosto se hace entre Marzo y Abril. Y debo apuntar que no son las arcas públicas las que las ponen en pie; evidentemente existe un gasto en servicios públicos, sobre todo de seguridad, pero el dinero con el que se construye el entramado de la fiesta más grande de la ciudad sale en gran parte de las hermandades, que también cubren necesidades sociales con sus obras asistenciales y sus obras sociales a las que no se les da publicidad alguna, porque incluso cuando extrañamente somos humildes y no nos pavoneamos, corre en nuestra contra.
    El problema que tenemos en el sur es el “amiguismo” y la “corrupción” no solamente política, falta de claridad y transparencia y en gran medida poca o nula inversión y confianza en “lo nuevo”, algo que igual es viejo en el resto del territorio nacional pero que aquí no hemos olido nunca porque “no ha interesado traerlo” ( no les ha interesado a aquellos que siempre encuentran hueco en sus bolsillos para llenarlos aún más).
    Y así nos luce el pelo.
    Me muestro de acuerdo con el fondo de la cuestión, pero algunos ejemplos expuestos, sean del agrado o no de la gente (como pueden ser las cofradías), están cogidos con alfileres y no ayudan a apoyar lo que hay de verdad es este escrito tan subjetivo, por otra parte (aunque se dejaba claro desde el principio). En cuanto a las formas… son las habituales, no nos vamos a quejar por eso, “miarma”.

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