La Princesa Invisible y el Príncipe ‘C-azurro’

Cuando eres pequeña, crees que el amor es algo que mueve el mundo. Tus padres te enseñan a buscarlo, a elegir entre un millón de personas al hombre que te hará feliz para toda la vida. Y tú, ilusa de ti, te lo crees todo a pies juntillas. Quieres el típico príncipe azul de cuentos de hadas, algo que más tarde la experiencia te enseña a olvidar.

Llega el colegio y con él empiezan los primeros amores. Cogerse de la mano, un beso en la mejilla. Cualquier pequeño detalle puede significar que esa persona es la indicada para estar junto a ti. Llega la época de decirle a tu amiga que le diga a ese chico que te gusta, o que le diga a ese chico que quieres dejarlo porque ahora no te gusta. Ni siquiera os habéis rozado pero dos miradas bastan para decir que ese chico del colegio fue tu primer novio. En mi caso, mi vecino fue quien primero cogió mi mano, y quién un día me dió un beso en las escaleras de mi casa. Después de eso no he vuelto a saber nada de él. Tampoco le di mucha importancia…

Luego llega el instituto. Te enamoras del típico chico malo que falta a clase y que se fija solo en las chicas que empiezan a tener pecho. Por desgracia, tu tienes granos y pasas una mala época después de la comunión. Eres gordita y pasas desapercibida a tu alrededor mientras que tus amigas tienen sus primeras relaciones. Ese chico malo que tanto te gusta resulta que, a veces, te mira… Tu sientes que darías la vida por él, deseas que el tiempo se congele en una de esas miradas… pero no son más que fantasías. Todo cambia un día. Él se acerca y sin saber muy bien por qué te regala una foto. En realidad, la tenía en su maleta arrugada y doblada. La ha sacado, para tirarla a la basura seguramente, pero ha visto a ti (o a mi, en este caso) y sabe que tú le darías mejor uso que la papelera. Si te digo la verdad, ahora ni siquiera sé donde está…

Poco a poco avanzas de curso y tu personalidad se va definiendo. Unas se vuelven altas, esbeltas, pechugonas… Y tú sigues siendo la gordita simpática, solo que ahora un poco más hippie. “Es que tú eres especial”, estás HARTA de oír esa maldita frase que no significa más que “es que no me gustas y te quiero como amiga”, pero lo respetas porque, en el fondo, sí que eres especial. Ser especial significa ser diferente, y lo eres. A los catorce escuchas a los Beatles y a Nirvana, aunque también se te pega algo del bacalao que suena alrededor. No puedes evitarlo, o te integras o te quedas sola. Y tienes miedo. Aunque sientes que no encajas demasiado bien, aprendes a vivir con ello.

Y de nuevo surge el amor. Y de nuevo el chico malo. Y tú piensas, ¿Qué tendrán los chicos malos que te gustan hasta cuando te hacen sufrir? Y de nuevo, eres invisible. Juegos, sonrisas, miradas, algún “eres especial” de vez en cuando… Lo llevas claro, y lo sabes. Y ves como ese chico prefiere a tu mejor amiga. Lo entiendes, sin peros. Es guapa, divertida, simpática, tiene un cuerpazo, unos labios perfectos, unos ojos enormes… Y a veces sientes que te gustaría ser ella para saber qué se siente siendo correspondida. Piensas que es lo más bonito que puede haber en la vida, y sabes que tienes mucho amor por dar. Pero aún no ha llegado tu momento.

Y de repente, un día alguien se interesa por ti. No es el chico más guapo del mundo (sabes cuales son tus posibilidades…) pero el hecho de saber que le interesas te hace fijarte en él. Internet está de moda en esa época y charláis a menudo. Os veis las noches de los findes entre amigos y todo parece que va sobre ruedas. Piensas ¿Será el chico que me robará mi primer beso? e inmediatamente fantaseas con que sea el padre de tus hijos porque es lo que te han enseñado. Pues sí, es el que te dará el primer beso. Pues no, obvio que no es el padre de tus hijos.

Ohh… el primer beso. Ese momento en el que todo se detiene por un instante y sólo existís tú y esa persona. Y nada importa, no eres capaz de pensar ni de actuar porque es el mejor momento de tu vida, solo cierras los ojos y te dejas llevar… ¡MENTIRA! Sí, cierras los ojos y te dejas llevar pero piensas: “¿Para esto he esperado tanto?, ¡Vaya mierda!”. Y que me perdone el chico que me dio mi primer beso, de verdad que se lo agradezco y no tengo nada personal en su contra, pero una ha visto demasiadas películas americanas como para que todo ocurra en un descampado y apoyados en una furgoneta mugrienta. Además… ¿Qué es eso que se retuerce rápidamente dentro de tu boca? No te gusta esa sensación, no te ha gustado besar a un chico y, para colmo, tus posibilidades de buscar a un príncipe azul disminuyen por momentos.

Luego llegan otros. Pocos, pero van llegando. Amores platónicos. El camarero hippie del bar, que es super simpático y toca el bajo. Te parece super guapo y piensas que nunca se fijaría en alguien como tú. Y de pronto, ¡Zas!, parece que le gustas. No te lo crees. Quién sabe, lo mismo algún día te dice el típico “Es que eres especial”. Y ese día llega. Te desilusionas. Ah no, espera. ¡Piensa que eres especial de verdad!, ¡Increíble! Y quedas con él algunas tardes hasta que un día te besa. Sí, esta vez está mejor, mucho mejor, pero sientes que no es la persona con la que quieres estar. Quizá se ha convertido en un amigo. Es una pena.

Y empiezas la universidad. ¡Wow! La universidad… esas palabras rebotan en tu cabeza: universidad, universidad, universidad… Ya estás informada sobre como va aquello. Has visto millones de películas sobre ello. Por un lado estará el típico chico guapo y las chicas populares. Por el otro, los marginados, donde siempre has estado tú. Pero esta vez piensas cambiarlo todo y encajar, y estás dispuesta a hacer lo que sea. Llegas asustada el primer día y te sorprendes… ¡Ahí va, gente normal! Poco a poco ubicas al chico guapo, a la chica guapa, al grupo de los inteligentes… Pues al final las pelis no iban tan desencaminadas. Tienes tu propio grupo de amigos con el que compartes gustos, cervezas y apuntes. Pero en el amor… todo sigue como siempre.

Una noche decidís salir de fiesta. Y ¿A quién ves en la disco? ¡Al chico guapo! No te lo crees… De todas formas, sabes que él no va a saludarte, jamás se acordaría de ti, recuerda que eres totalmente invisible. Espera, ¿Eso ha sido una sonrisa? ¿Me ha saludado? ¡Me está hablando! Y respondes, como puedes, conteniendo la respiración e intentando no tartamudear. Increíble pero cierto. Sabe que eres de su facultad, incluso que has estado en su clase. Os decís los nombres y te das la vuelta y sigues bailando porque no sabes qué decir. Y él se acerca y de repente… ¡Te besa! Y te apartas, desconcertada, pensando que has debido entrar en alguna dimensión paralela al mundo real porque nada de lo que está pasando tiene sentido. Sabes que has bebido, pero no tanto como para alucinar. Y él te pregunta: ¿Es que tienes novio? Y tú respondes ¡No!, y piensas: “¿Novio?, si tu supieras…”. Y te vuelve a besar. Y sientes que flotas. Esta vez sí lo dejas, no piensas apartarte. Y tocas su pelo y hueles su aroma. Te sientes la chica más feliz del mundo. Al parecer, la vida tenía preparado algo bueno para ti, no todo podía ser malo… Pasas una noche increíble con un chico increíble. Antes de irte te preguntas: ¿Qué ocurrirá mañana? Y lo que no sabes es lo que está por llegar…

Realmente no sabes muy bien qué ocurre entre él y tú. Has sido sólo un rollo de una noche y no sabes muy bien como asimilarlo. Siempre has criticado esa actitud. La has visto en tus amigas y siempre has pensado: ¿Cómo puedes besar a un chico que no conoces de nada, solo de un rato? Pero tú sabes que quizá hayas sido eso para él, pero no él para ti. Lo mirabas en clase y suspirabas por conocerlo. En tu mente sabías perfectamente cómo era, porque lo habías analizado en muchas ocasiones. Para ti no era un desconocido. Sabías su nombre y apellidos mucho antes de verlo en aquella estúpida discoteca que no hizo más que truncar de nuevo tus sueños.

Gracias a un amigo consigues su dirección de messenger, y lo agregas. Habláis, poco, pero algo es algo. Tú lo ves y no puedes evitar querer contarle miles de cosas, cuando hace dos días casi no sabías qué decir. Lo hablas con tus amigas y todas se lamentan por lo que te está pasando, saben de sobra tanto como tú que no le gustas y que probablemente lo que pasó fue un error. Un día, prestas el ordenador a una amiga y ella habla con él como si fueras tú… y se dicen cosas feas, parece una discusión. Lo peor es que tú estás delante y no has podido evitar que ocurra. Quizá en tu interior también querías decir lo que ella dijo, pero sabes que nunca habrías podido hacerlo. Deseas con todas tus fuerzas hablar con él y decirle: “No era yo…” pero, ¿Acaso iba a creerte? Lo dejas pasar y os convertís, de nuevo, en completos desconocidos. Sólo años después la madurez os hace hablar sin mencionar ni una sola palabra de lo ocurrido tiempo atrás. Y te preguntas: ¿Se acordará de mi? Todo ha pasado. Ya no sientes esa admiración que una vez te atrapó hasta escapársete de las manos. Pero todo está bien, en su sitio, o quizá olvidado. No importa. Estás contenta.

¿Qué será lo siguiente? Vas para los 20 y lo que deseas es compañía, algo que nunca has tenido. Y la encuentras. Parece el chico más maravilloso del mundo. Tienes tu primera relación seria y esta vez sí, es el padre de tus hijos. Lo tienes claro. Es gracioso, simpático, cariñoso y muy bueno contigo, claro está, al principio. Descubrís el sexo juntos. No es lo que esperabas. Tampoco lo fue el primer beso, lo que fue mejorando con el tiempo, así que decides tener paciencia. Todo parece ir viento en popa. Sales en pareja, viajas en pareja, compartís amigos, lo pasáis bien juntos… Todo es genial a tu alrededor.

Oh, oh… ¿Es eso una discusión? ¡No pasa nada! Todas las parejas lo hacen, es normal, ¿No? Oh, oh… ¿Otra pelea?, ¿Y otra?, ¿Y otra? Esto ya no puede ser… Aún así decides aguantar porque en el fondo, lleváis tanto tiempo juntos que no sabes cómo sería tu vida sin él. Pero todo tiene un límite. Y el límite es el respeto. No hay respeto, no hay nada. Al parecer te ha “faltado al respeto” aunque él lo niega. Bueno… exactamente te ha “faltado al respeto” contra su voluntad, porque él no quería… Lo perdonas, porque te ha convencido de que es una “falta de respeto” chiquitita, lo hizo porque alguien le puso un cuchillo en el cuello y lo amenazó con matarlo. Aún así, lo perdonas.

Meses después te das cuenta de que os engañáis. Te llegan muchas versiones de lo ocurrido, y encima escuchas que te ha “faltado al respeto” muchas otras veces. Lo dejas. Llora, llora como un bebé cuando le quitan su chupete. No entiendes por qué, si sabes que alguien que te falta tanto al respeto no te quiere. Odias decirlo pero te sientes aliviada. Te sientes mal por dañar a alguien, a alguien que has querido tanto, a pesar de todo, pero estás contenta de haber salido de ahi.

Y lo mejor. Alguien te espera. Alguien que te hace ver que el mundo no es como tu creías, es mejor. Alguien que te trata como una princesa de cuento de hadas, de esas que querías ser cuando eras pequeña. De niña te disfrazabas, ahora lo tienes de verdad. Bromas, risas, juegos. Descubres que con él podrías pasarte 24 horas sin hacer absolutamente nada. Sólo tumbarte a su lado y mirarle. Te conformas con poco, aún sabiendo que puedes tener más. Te encanta mirarle mientras duermes. Te encanta que te mire mientras él cree que duermes. La vida vuelve a sonreirte.

Y de nuevo, todo se trunca. Te vas de viaje a Italia. Conoces gente maravillosa. Haces amigas… y amigOs. Y eso crea problemas. Aparecen las inseguridades, los celos, los malosentendidos. Algo cambia dentro de ti… Tus nuevos amigos te dan el apoyo que nadie más puede darte en ese momento. Eso sella vuestra amistad para siempre. Esos pequeños detalles demuestran que esa persona está cuando la necesites, al igual que tu estarás para él/ellos. Nadie te entiende, pero sabes que lo que te pasa no es una tontería. Yo lo llamaría… “crisis existencial”. Estás a punto de terminar tu carrera y no sabes a donde dirigir tu vida. Te gustaría ir al extranjero. O no, mejor quieres hacer un máster. O mejor, ¿Por qué no presentarse a unas oposiciones?

¿Hacia donde quieres ir? ¿Sola… o acompañada? Llegado a este punto has dejado de creer en príncipes azules. En Italia lo llaman ‘Príncipe Azurro’. Y un amigo te enseña un juego de palabras: ‘Príncipe Cazurro’. Te encanta, y decides utilizarlo para enseñar al mundo que la mayor parte de tu vida has sido una infeliz en cuestiones amorosas, sobre todo porque eras invisible. Pero te das cuenta de que da igual. Seas visible o invisible siempre surgirán problemas. Quieres huir y no sabes qué hacer, cada paso significa hacer mal las cosas y seguir haciendo daño. Te retiras, te arrepientes. Y vuelta a empezar. Eres egoísta, sólo piensas en ti, aunque piensas que si lo eres, tiene que haber alguna razón. Estás harta de todo. Y sabes que también alguien se está hartando de ti. Si por ti fuera te irías y nunca volverías, aunque sabes que sólo habla la rabia y la impotencia.

Ojalá algún día pudiera acabar este texto diciendo que estoy viviendo mi propio cuento de hadas. Pero lo cierto es que los cuentos de hadas no existen. En tu vida, habrá momentos en los que te sientas una princesa y momentos en los que te sientas una rana. Pero no podemos pretender que todo sea siempre maravilloso. Incluso en los cuentos existe la típica bruja que quiere hacer sufrir a la princesa en cuestión. A lo mejor de pequeña no te das cuentas pero ahora sabes que ni en los cuentos las cosas son fáciles. Al menos en ellos siempre hay final feliz pero, ¿Sabes qué te espera a ti…?

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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One Response to La Princesa Invisible y el Príncipe ‘C-azurro’

  1. the getaway dice:

    To be continue… you are not alone… let me give you my heart into your hands and you think what you have to do with him… maybe… I love you

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