Un adiós irrevocable

Siempre pensé que cuando llegara el momento de dejarlo saltaría de alegría por todos los rincones de mi casa y gritaría a pleno pulmón que por fin se ha acabado. Pero la realidad es otra bien distinta. No tengo ganas de gritar, ni de saltar. Lo cierto es que el solo hecho de pensar que me quedan unos pocos meses me hace feliz, pero a la vez me inunda de un temor increíble. ¿Y ahora qué voy a hacer? Es la única pregunta que ronda por mi mente. Llevo algo más de tres años allí, haciendo de aquello una familia más, y si me voy siento que es como si me emancipara. Tengo miedo de perderos de vista. Siempre decimos que eso no tiene por qué ser así, pero no es la primera vez que alguien se marcha y casi no volvemos a verle, o al menos no como antes…

Y lo cierto es que es un trabajo que no me gusta nada. Cada día que dejo atrás lo odio con más fuerza. Pero tengo que reconocer que dentro de lo malo siempre resulta haber algo bueno. Lo bueno sois todos vosotros. Lo bueno es saber que de allí me llevo grandes amigos. Y lo bueno es saber que, aunque no fui la mejor de las “jefas”, sí puedo presumir de saber que me queréis. Puedo saberlo por como me pedís que me quede, y por cómo me abrazais al saber que mi idea es irrevocable. Y no sabéis lo duro que se me hace no poder contradecirme en esta decisión. Pero a la vez sé que es lo mejor para mí y para todos. Y sé que todos lo conseguiréis algún día.

Al hablar así parece que estamos en una cárcel o algo por el estilo. Pues es más o menos eso, aunque no es el momento de denunciar el tipo de situación laboral en el que nos encontramos. Ahora es el momento de hacer una cuenta atrás… 25 de septiembre… 25 de septiembre… 25 de septiembre… 25 de septiembre…

25 de septiembre… Después de 4 años volveré a poder celebrar unas navidades normales. No trabajaré un día 24, ni 25, ni 31 de diciembre, ni 1, ni 5, ni 6 de enero. Veré por fin la cabalgata de los reyes magos que hace tres años que vengo escuchando de refilón. Parecen tonterías pero son cosas que echo mucho de menos. También echo de menos tener un maldito fin de semana libre, aunque me hubiera conformado con tener un domingo libre para pasarlo con quién más quiero en cualquier lugar, sin tener q despedirme a mitad del día para ir a trabajar.

Lo sé. Sí que parecen tonterías, quizá exagero, no lo niego. Así es la vida, y así va a ser cuando encuentre trabajo de periodista (o de algo relacionado, espero). Pero quiero tomarme unas vacaciones antes de dedicar mi vida a mi carrera. Quiero recordar qué se siente sin hacer una pizza durante meses. Y, sobre todo, quiero pasar casi todo mi tiempo libre con la persona a la que quiero dedicarle el resto de ratos libres de mi vida. Y más ahora, que la buena vida está a punto de terminar y no sabemos qué nos deparará el futuro, ni donde estaremos dentro un año, cuando todo se acabe.

Y ahora, tengo que marcharme, que se me acaba la libertad condicional por hoy. Ya no me hace falta consolarme con mi madre y desahogarme con todo lo que siento dentro y que no puedo decir allí. Ahora voy feliz de saber que, aunque aún quedan 4 meses, son los últimos con vosotros: mis compañeros y, sobre todo, amigos.

OS QUIERO 😀

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Una respuesta a Un adiós irrevocable

  1. Juan Blanco dice:

    Dí que sí, ahora toca disfrutar :D. Ya nos explotarán como periodistas en cualquier medio, así que no te preocupes, que trabajos como el de nuestro futuro (espero) sobran: nadie los quiere.

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